Más de 130 adolescentes y jóvenes mujeres de 20 regiones del Perú participaron durante 2024 en la Escuela Política Feminista, una experiencia única de formación, liderazgo e incidencia que está dejando huella en la agenda pública. La Escuela, impulsada por la Asociación Civil Quinta Ola, reunió a adolescentes peruanas y venezolanas de entre 16 y 21 años con un objetivo claro: fortalecer el pensamiento crítico y político feminista, promover su participación activa y transformar sus vivencias en propuestas de cambio reales.
El resultado más potente del proceso ha sido la creación colectiva y presentación de un proyecto de ley que propone un Programa Nacional de Prevención y Atención del Ciberacoso en Espacios Educativos, elaborado por las propias participantes. Este logro no solo demuestra la capacidad de las adolescentes para diagnosticar sus entornos y proponer soluciones, sino que también reafirma su derecho a incidir en las decisiones que afectan sus vidas.
La propuesta legislativa fue ingresada formalmente al Congreso a través de los despachos de las legisladoras Ruth Luque y Susel Paredes en marzo del año pasado. Actualmente, el proyecto se encuentra en las comisiones de la Mujer y de Educación a la espera de ser agendada para el debate en el Pleno.

Feminismo joven en acción
El proyecto de ley surgió desde La Escuela Política Feminista un espacio de formación que combinó herramientas pedagógicas con estrategias comunitarias y acompañamiento cercano. A lo largo del proceso, las participantes no solo se formaron en temas como derechos humanos, democracia, legislación y justicia de género, sino que también construyeron vínculos de cuidado y solidaridad, fundamentales para sostener sus luchas cotidianas.
Las adolescentes llegaron desde distintas regiones del país, trayendo consigo sus experiencias locales: algunas vienen de contextos rurales o fronterizos, otras conviven con el racismo, la xenofobia o la exclusión por migración. Pero todas compartieron un punto en común: el deseo de cambiar las reglas del juego. A través de sesiones virtuales y encuentros presenciales, las jóvenes fortalecieron su voz y reafirmaron que la política también se construye desde sus historias.
El enfoque fue siempre colectivo y situado. Desde espacios lúdicos como las “pijamadas políticas” hasta laboratorios de pensamiento crítico, la Escuela promovió una participación horizontal y feminista. Cada joven tuvo un rol activo en la elaboración de diagnósticos, propuestas y contenidos comunicacionales. Lejos de ser una formación vertical, fue una experiencia de construcción mutua, donde el conocimiento se cruzó con la emoción, la escucha y la acción.

Un proyecto de ley hecho por y para adolescentes
Durante el proceso, las jóvenes analizaron leyes existentes, estudiaron marcos internacionales de derechos y discutieron con especialistas en educación y género. Así nació el proyecto de ley que plantea la creación de un Programa Nacional de Prevención y Atención del Ciberacoso en Espacios Educativos, con enfoque de derechos, género e interseccionalidad.
El proyecto propone campañas de sensibilización, formación docente, protocolos de atención para víctimas, y la participación activa del estudiantado en la construcción de espacios seguros. No se trata solo de castigar a los agresores, sino de transformar la cultura escolar que normaliza estas violencias. La propuesta fue presentada a congresistas como Flor Pablo, Ruth Luque, Sigrid Bazán y Susel Paredes, así como al Ministerio de Educación y organizaciones de sociedad civil.
Las adolescentes no fueron a pedir permiso, fueron a exigir respuestas. Con argumentos sólidos, vocerías potentes y una propuesta técnica en mano, se posicionaron como interlocutoras válidas en el espacio público. “Queremos espacios seguros para
las niñas, niños y adolescencias. Queremos que puedan desarrollarse
en cualquier ámbito con seguridad”, afirmó Ángeles, vocera de la Escuela Política.

Una buena noticia para el presente (y el futuro)
El caso de la Escuela Política Feminista es una buena noticia no solo por su impacto concreto, sino porque demuestra que sí es posible construir liderazgos juveniles con enfoque feminista, seguro e interseccional. Frente a un contexto de violencia, desinformación y discursos de odio, este proceso apostó por la formación crítica, el acompañamiento integral y la acción política transformadora.
Las adolescentes demostraron que no necesitan que hablen por ellas saben organizarse, proponer leyes, defender derechos y construir redes de cuidado. Esta iniciativa marca un precedente sobre cómo debería pensarse la participación juvenil en el Perú: no como un complemento, sino como una fuerza política con voz propia.
Mientras el Congreso bloquea derechos, las adolescentes escriben leyes. Mientras la violencia digital avanza, ellas la denuncian. Y mientras muchos aún dudan de su capacidad, ellas ya están cambiando el país.






