[Reportaje sonoro] Cuando la violencia parece invisible pero es indeleble – Ep. 1 Serie ‘Nuestras voces: Juntas Sin Miedo’

Cuando escuchamos que una mujer fue golpeada, solemos pensar que la violencia empezó ahí. Pero ¿Qué pasó antes de ese primer golpe?¿Qué sucede antes de que una amenaza de muerte se vuelva rutina?  ¿o incluso antes de que un agresor termine siendo un feminicida?

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4–6 minutos

Cecilia es una madre que saca adelante a su pequeño hijo, como tantas mujeres peruanas que emprenden desde casa. Ella vendía zapatillas por internet, disfrutaba de su negocio y de los paseos junto a su hijo. Hoy, esos momentos simples se han vuelto casi imposibles pues denuncia el constante hostigamiento del presunto agresor Daniel Balandra.

Cecilia vive en constante alerta. Salir a entregar un pedido o llevar a su hijo al parque ya no es una decisión cotidiana, sino un riesgo. Antes, su meta era hacer crecer su emprendimiento. Ahora, su sueño es poder vivir sin miedo.

Cecilia podría llamarse Lorena, Laura, Carmen… o como tú. Su historia podría ser la de muchas mujeres que, lamentablemente, viven situaciones similares. Hoy, ella toma la valentía de contar la suya.

Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar 2023, la violencia psicológica es la más frecuente: los casos representan un 48,9% del total. Aun así, es de las más difíciles de reconocer. No deja moretones visibles, pero deja marcas imborrables, no se percibe en la piel pero destruye la autoestima, aísla a la persona y la desgasta.

La Ley 30364, Ley para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres y los Integrantes del Grupo Familiar, reconoce la violencia psicológica como delito y se entiende como toda acción u omisión que busca controlar, humillar  o aislar a la persona contra su voluntad.

Cecilia decidió denunciar. Se amparó ante la ley para hablar, para protegerse, para hacer valer un derecho que le corresponde: vivir sin miedo. Como todo delito, la violencia psicológica tiene una sanción efectiva para quienes la cometen.

Sin embargo, a pesar de la denuncia, muchos casos de violencia psicológica avanzan con lentitud, y las medidas de protección no siempre se ejecutan con la urgencia que la situación demanda. El caso de Cecilia es uno de ellos. Aún con medidas de protección vigentes, ella denuncia que volvió a ser víctima de un nuevo episodio de violencia por parte de Daniel Balandra.

Es necesario que reconozcamos la verdadera dimensión de la violencia psicológica. Lo que muchas veces se minimiza como “problemas de pareja” o simples discusiones, forma parte del círculo de la violencia: un proceso que comienza con el control, los insultos o las humillaciones, y que con el tiempo puede escalar hacia agresiones más graves.

Comprender esta progresión —desde la sociedad hasta las autoridades— es clave para actuar antes, para prevenir, y no sólo reaccionar cuando ya es demasiado tarde.

La violencia psicológica sigue siendo una de las formas más subestimadas de agresión. No deja marcas visibles, pero puede desestabilizar por completo la vida de una mujer. Afecta su salud mental, su confianza, su trabajo, sus vínculos y su manera de habitar el mundo.No es una forma “menor” de violencia. Es una agresión sostenida que erosiona la identidad y puede dejar secuelas más duraderas que incluso un golpe.

Recuerda que este espacio busca que reflexionemos juntas, y también que revises tu propia historia y tus relaciones. Quizás, al escucharnos, te cuestiones si en algún momento también viviste situaciones de violencia psicológica sin haberlo reconocido. Por eso queremos decirte: Si tu pareja o expareja te violenta, puedes llamar a la Línea 100, un servicio que debe actuar de manera interinstitucional junto con la Policía. También puedes acudir a una comisaría y presentar una denuncia formal. Pero, ¿qué pasa cuando, a pesar de haber denunciado, no encuentras justicia que proteja tu vida? En el papel, el Estado garantiza atención y protección. En la práctica, muchas mujeres, como Cecilia, quedan expuestas por la falta de coordinación, la indiferencia o la negligencia de las autoridades. Cada caso ignorado no solo refleja un sistema que falla, sino uno que normaliza el riesgo de ser mujer en un país donde denunciar no siempre significa estar a salvo.

Pese a que Cecilia avisó que su agresor amenazó con matarla, la fiscal a cargo del caso de Cecilia no ha solicitado una prisión preventiva para el presunto agresor. Este silencio revela algo más que una omisión: una falta de urgencia para proteger a las mujeres cuyas vidas están en riesgo. Cada hora sin una medida de protección  es una hora en la que el agresor puede volver a atacar.

Cecilia ha denunciado, ha pedido ayuda y ha hecho todo lo que el sistema le exige para proteger su vida. Daniel Balandra sigue libre, y las autoridades no actúan con la urgencia que el riesgo que ella enfrenta amerita. Su historia evidencia a un Estado que reacciona tarde, que espera que la violencia psicológica o una amenaza de muerte se conviertan en un feminicidio para recién intervenir. La violencia escala, y lo hace frente a nuestros ojos.

La historia de Cecilia también es una historia de resistencia. A pesar del miedo y las demoras, decidió no callar. Eligió hablar, denunciar y ahora busca seguir con su vida junto a su hijo. Su valentía no borra lo vivido, pero marca un camino: el de muchas mujeres que, como ella, buscan vivir sin miedo. Porque cada vez que una mujer se atreve a contar su historia, se abre una posibilidad de cambio. Y aunque el camino aún sea difícil, aquí seguimos —mirándonos, acompañándonos, recordando que no estamos solas.

Gracias por escucharnos y por darle espacio a estos relatos que merecen ser contados, escuchados y recordados. Te invitamos a escuchar las demás historias de la serie ‘Nuestra voces: Juntas Sin Miedo’. Este fue un reportaje sonoro producido en colaboración con el Movimiento Manuela Ramos  y la Fundación Heinrich-Böll-Stiftung. Nos escuchamos en el próximo episodio.



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