[Reportaje sonoro] Cuando el agresor está en casa – Ep. 2 Serie ‘Nuestras voces: Juntas Sin Miedo’

En Tacna, una denuncia por violencia sexual contra Guillermo Salas Cervantes destapó varios casos dentro de su propia familia que se remontan a más de 20 años.

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4–5 minutos

En el Perú, cada 40 minutos ocurre una violación, y el agresor puede tener muchas caras: La de un hombre denunciado por violación sentado en el sillón presidencial, y también la de un padre, tío y abuelo acusado de abusar sexualmente a niñas, adolescentes y mujeres durante más de veinte años.

En Tacna, Guillermo Salas Cervantes, un conductor de la Red de Salud del Ministerio de Salud, debía cumplir prisión preventiva tras la denuncia por violencia sexual de una menor de 14 años. Sin embargo, sigue libre.

Guillermo Salas es el tío abuelo de la menor, y a pesar de su condición de prófugo, se presentó de manera virtual ante una audiencia, como si la ley no lo fuera a alcanzar, pues, según denuncia su familia, sus actos se repitieron por más de 20 años con más víctimas.

¿Sabías que la violencia sexual adopta muchas formas y no siempre se reconoce a tiempo? Puede ser cualquier acto que atente contra la libertad o la integridad sexual de una persona: desde tocamientos, acoso, hasta violaciones. ¿Y quienes la cometen? A veces se piensa que un violador sexual es alguien extraño, un desconocido peligroso que aparece de la nada. Pero las cifras y los casos nos muestran otra cosa: Un análisis del 2019 realizado por los Centro de Emergencia Mujer, nos revela que el 51% de los agresores sexuales termina siendo un familiar, entre los principales, un tio, el padrastro o el padre. 

Como escuchamos, más mujeres denuncian haber sido víctimas de violencia sexual por parte de Guillermo Salas cuando eran niñas. Ellas fueron dejadas al cuidado de Salas y de su esposa, Graciela Pérez. Lo que llama la atención al revisar estos testimonios es un patrón que se repite: los abusos ocurrieron en un entorno donde el agresor era una figura cercana, alguien en quien se confiaba.

Por estas y más razones, las víctimas denuncian cuando pueden hacerlo. Procesar una experiencia de violencia sexual no siempre es inmediato: muchas veces implica reconocer, con el paso del tiempo, que lo vivido fue una agresión. Ese proceso es distinto en cada persona, sobre todo cuando la violencia ocurre en un entorno familiar o de confianza. Por eso, las mujeres que deciden denunciar cuando se sienten listas demuestran una enorme fortaleza. Y a quienes aún no pueden hacerlo, la sociedad debe acompañarlas, no juzgarlas.

Este tipo de agresiones genera daños físicos y también psicológicos. Estos últimos son los que más perduran en el tiempo. De acuerdo con datos del Ministerio de la Mujer, el 61% de las víctimas de violación sexual en el país son niñas y adolescentes. Solo hasta junio de 2025, se reportaron 3,857 denuncias de violaciones sexuales contra menores de edad.

Y antes de continuar, vale la pena detenernos un momento. En el Perú, cuando una niña o adolescente es víctima de violación sexual, la ley contempla el aborto terapéutico como una opción legal y necesaria para proteger su vida y su salud física y mental. Pero la realidad demuestra otra cosa: el acceso sigue siendo limitado y, muchas veces, negado.

Durante el transcurso de 2025, 785 niñas menores de 14 años han tenido partos, es decir, fueron obligadas a ser madres, y en el periodo de los últimos cinco años, la cifra total asciende a 7,477. Más que solo cifras, esto es el reflejo de cómo el sistema sigue fallando en reconocer la magnitud del daño que una violación puede causar en una menor. Y aunque este no sea el caso de nuestras protagonistas, es imposible no mencionarlo cuando hablamos de violencia sexual y de las heridas profundas que deja.

La denunciante que se atrevió a destapar el caso es una menor de 14. Ella decidió contar lo sucedido después de escuchar una charla en su colegio sobre la prevención del abuso sexual. Y es ahí donde entendemos el verdadero valor de la educación sexual integral: no se trata solo de hablar del cuerpo, sino de dar herramientas para reconocer cuando algo no está bien. La educación sexual salva vidas, porque ayuda a que niñas, niños y adolescentes puedan identificar la violencia, ponerle nombre y buscar ayuda. En el caso de Ana, le dio la valentía de contar lo que pasó y denunciar. 

Hoy su familia lucha para que el caso no quede impune, pero en un país donde la impunidad es parte del día a día, buscar justicia no es fácil. Guillermo Salas Cervantes afronta una orden de prisión preventiva por 9 meses, pero continúa libre.

Mientras en el Perú el presidente actual fue denunciado por presunta violación sexual y su primer ministro por violación y secuestro la inseguridad de las mujeres y niñas crece ¿Cómo confiar en que habrá justicia para las víctimas cuando la impunidad se instala en el poder?

Gracias por escucharnos y por darle espacio a estos relatos que merecen ser contados, escuchados y recordados. Te invitamos a escuchar las demás historias de la serie ‘Nuestra voces: Juntas Sin Miedo’. Este fue un reportaje sonoro producido en colaboración con el Movimiento Manuela Ramos  y la Fundación Heinrich-Böll-Stiftung. Nos escuchamos en el próximo episodio.

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